POR QUÉ ESCRIBO

La loca de la casa estimula mi imaginación: descobija, desmitifica, ensalza. Es un blog escrito y pensado para conjurar los demonios, pues la única manera de exorcizar mis daimons es enfrentarlos, encararlos, desenmascararlos. Los demonios o fantasmas, que si no los quitas de encima, como diría Cortázar, te arrebatarán el aire y son capaces de estrujarte y conducirte a la locura. Una contradicción aparente. Escribir es una manera de mostrar cordura. Sin embargo en esta mujer es la locura la que la conduce y la obliga a escribir.

lunes, 18 de agosto de 2008

Memoria

No puedo ordenarlos, no quiero hacerlo, no me inquieta no tener memoria. Sólo así puedo mentirme e imaginarme. Recordar para mi siempre ha sido una ardua tarea. NO TENGO MEMORIA. Es decir, no tengo mala memoria.
Admiro profundamente a esos seres que tienen claridad para recordar sus infancias hasta en el más mínimo detalle.
Yo en cambio, apenas tengo imágenes, algunos datos, que con el tiempo se han ido borrando hasta el punto de no saber si son ciertas o si me las he inventado con el fin de tener memoria y poder responder a la eterna pregunta, Qué recuerdas?
Lo que si puedo decir es que de esas imágenes, sólo conservo las buenas. Es decir, tengo memoria selectiva, mi memoria es positiva, no recuerdo nada malo y si lo hago es sólo por una voluntad forzosa.
Por ejemplo, he tratado de recordar a mi padre. Alguna escena, algo que lo delate como padre, pero no hay caso, él para mí fue un hombre más que lleva mi mismo apellido o yo el de él?.
No le puedo tener rencor porque no está en mi memoria. El objetivo me dice que no estuvo, que no fue, que no cuajó y hasta casi que no me quiso. Pero yo nada, no lo tengo. Ergo ni lo odio. Cómo se puede tener algún sentimiento de alguien que nunca estuvo?
Lejos, el hombre (por seguir con la idea de hombres) el que más me hizo sufrir fue mi ex marido o como lo llamo hoy: el padre de mi hijo. Cualquier mujer podría tenerle un rencor infinito considerando que me dejó por otra...buaaaaaaaaaaa.
Pero nada, de hecho lo quiero mucho. Nuestra relación como padres es de lo más bonita y comparándolo con mi PADRE, es excelente. Conozco a su mujer (la que me se metió en mi matrimonio, y hasta la admiro por ser capaz de estar al lado de un machista como es él), conozco a su hija que es la hermana de mi hijo, lo que no es menor considerando que, por mi lado, mi hjio no tendrá hermanos/as. Es una niña bonita que viene a mi casa y me dice tía...
Extraño...

De mi madre, nada. No puedo decir que fue una buena o mala madre. Simplemente fue, estuvo y está.

Me duele, eso sí, no poder recordar momentos claves de la historia de mi hijo. No puedo recordar su primera palabra, su caminar primero, sus detalles. Eso me molesta. Estaba enferma sí, pero igual me gustaría acordarme no por mí, sino por él, para poder contarle sus cosas.
Hay algo que no olvido, pero no con odio, sólo con dolor. El golpe y la dictadura. Eso me dolió, me partió en dos. Un antes y un después. Hubo un quiebre familiar, hubo un quiebre personal, que me marcó y me hizo indolora. Me provocó una suerte de extrañeza al dolor, borró de mí aquello de la empatía, aquello de la solidaridad.
Instaló el miedo, la inseguridad.
De esos años sólo me acuerdo lo que me decían que dijera... Tú no sabes nada... (no recuerdas nada, nada has visto, nada sabes, nada conoces, nunca estuviste, nunca viste). Y era niña, muy niña.
Escribo y me doy cuenta del origen de mi mala memoria.
(Ha llegado septiembre... me duele. Olvidaré una vez más. Viva hasta que me muera)