Hay silencios que se expresan
con un simple parpadeo
y peroratas vacías de la extensión
de un discurso académico.
Ni la pasión se templa y modela
con promesas,
ni la contemplación verifica
con los ojos cerrados.
Quisiera anegarte con mi sobreabundancia,
iluminar tus rincones lóbregos
con la sonrisa confiada en la certeza,
y sembrar de certidumbres tus dudas,
y tus recelos,
hasta que, entre tú y yo,
sean innecesarias más de tres palabras.
