Diminuta

Yo
Hormiga que se enreda en la literatura
Animal nocturno
Vida que se interna en las sepulturas
Soledad
Cocinera de sueños omnipotentes
Sal
Humareda de días
Hoy
Un reloj maldito
Sordo
Tic
Tac

Nina










Tengo una madrina combativa.

Cuando me quiebro
saca su plasticola roja y me pega.
Si se me enreda el barrilete en algún árbol,
se trepa como un gato y lo libera.
Cada vez que pierdo el último tren,
aparece en la estación con un mate.
Si no se me ocurre un cuento original,
me recita historias donde se cocinan maridos.

Cura con tazas de té y semillas.

Ahora entiendo por qué carga siempre esa mochila.
Le pregunto ¿Qué llevás? y me dice "Casi todo"
"Curitas para la soledad impertinente, naftalina.
Amores probables y probados.
Osadía. Una escalera, por si hace falta.
Hasta una tía lejana, llegado el caso"

Saca conjeturas. Toma partido. Juega.


Yo creía que a su generación la habían perseguido,
que se había exiliado por ser solidaria.
Yo creía que no quedaba nadie,
pero resultó ser que ella es
y están todos.

Martín Fierro

Imagen: Ricardo Carpani
Marginados
El "Martín Fierro" de José Hernández constituye uno de los mejores ejemplos de Poesía combativa.
La poesía, no se remite solamente a la belleza de símbolos lingüísticos, sino que representa una herramienta social de denuncia, de revelación de la esencia humana, que deja indefensa nuestra razón ante imágenes sensoriales por las que se cuela el inconsciente.
A través de los recursos literarios nos mostramos, comunicamos y nos rebelamos ante la injusticia. Narramos para que quede testimoinio de un hecho que, con el correr de la historia, será nada más ni nada menos que un registro de nuetro tiempo.

Juguete Roto

Pintura: Mark Ryden La niña que fui, medio rota, asoma por debajo de la cama.
Mientras duermo, se prueba mis zapatos y mi ropa.
Se pone un labial sugestivo y me imita.
Ella se burla de todos porque sabe del olvido.
Su risa es un estruendo de juguete que me calma.

En algún sueño la llevé a pasear en subterráneo,
pero no se conforma. Quiere más.
Cuando ando con ella en el bolsillo,
no deja de preguntar si falta mucho.
Me dibuja en las paredes muñequitas con trenzas.
A veces jugamos a las escondidas
y me gana por ser invisible.

Un día que se quede dormida en cualquier parte
la voy a dejar, voy a seguir sola.
Ya está bien de manchas de chocolate en la camisa,
de llorar por cualquier motivo.
No quiero cargar con ella.

Aunque es probable que me busque
y yo nunca haya existido.

Julio


Arrancado del día, escondido en las sombras de tu infancia,
inventabas Quijotes.
Y la máquina de matar hormigas devoraba.
Por entonces, Oliveira ya era un polizón en tus uñitas.
Mientras buscabas un cielo de tiza:
la Maga guardó cuidadosamente tus dientes de niño.
Un cronopio te rescataría luego de esa ternura de barrio
e irías con él a habitar ausencias.

Años después,
el hombre cejijunto que anidaba en tus entrañas
gritaba tu desolación.
La prisión del reloj,
esa continuidad de los parques asesinos.
Y ahora somos la conspiración del olvido
que tu cíclope ha desbaratado para siempre.

Distracción

Yo, monumento a la descomposición, me sometía a mis órdenos.
Alguna vez un vidrio roto me hizo pedazos.
Y vagué sin nombre hasta que ensordecí.
Entonces nada importó.
Tenía una nariz prominente que echaba por tierra cualquier intento de máscara.
Subí a un tren que no arrancó nunca y me bajé por error en otra estación.
Y regresé a mi casa, pero ya no estaba por ningún lado.

Laberintos cerebrales

Te busco en mi desorden para asegurarme de que no estás.
Odio profundamente la irrupción de estos días extraños en mi cerebro.
Preferiría una página sin fechas donde encontrarte dormido, como al descuido.
En este juego remoto de líneas que me conducen: hallo un muerto y me asusto,

creo que podrías ser vos.
Pero un alivio me sobreviene al reconocer mis zapatos.