Sueño que tengo la mente bloqueada, que la he cerrado y perdido la llave,
dejando prisioneras a las palabras.
Y, éstas, se están acumulando, enredándose unas con otras.
Tengo que encontrar la llave o, de lo contrario, acabarán confundiéndose los deseos y sentimientos. Los odios, amores, lloros, pasiones, alegrías y tormentos.
Terminarán unas sobre otras, empujándose, arañándose,
lastimándose e hiriéndome en su empeño por salir.
Por más grande que sea su intento, no podrán con la puerta.
Saben que cuando se cierra así es muy difícil tirarla.
Pero hallarán cualquier rendija por dónde escapar y salir desbocadas.
Trotarán tan rápido, que me será imposible alcanzarlas...y nuevamente las perderé.
Entonces, volverá a mi memoria el lugar en dónde olvidé la llave.
Pero no servirá de nada, porque ya las palabras habrán desaparecido
y, con ellas, su música y su magia.
Despierto y descubro que, a menudo, no es un sueño.