15 septiembre 2018

deshacerse del cuerpo

ahora que ya nadie me quiere
ahora que nadie pregunta qué leí ayer, cómo visto hoy, nos veremos mañana

ahora que a nadie le cuento qué recordé ayer, con quién soñé hoy, no

no nos veremos mañana

me observo distinta

brillante. amable

tan sabia, ida y valiente 

ahora que nadie apunta y dispara

que quedan sólo rasguños sin importancia

un par de recuerdos, dos caricias, dos noches en blanco

me deshice de mi cuerpo

antiguo

ese que entorpecía los días futuros

ese que cobijó cuchillos, piedras y engaños

ese que usé como escudo maltrecho. arma cortante

ese que pedía limosna en la puerta de cualquier inicio

ese que -tal vez- te conoció por azar, por error, por ahuyentar el tedio, 

por espantar la grieta doliente después de un desenlace.

me deshice de él:

de mi cuerpo 

antiguo 

el que habitaba en una casa en llamas

el que se resquebrajó como la tierra seca. nula.

el que -tal vez- reconoció tu pena, tu mentira, tu alma de niño muerto

de espinas y arañas.

me deshice de él

un cuerpo

antiguo.

y ahora,

ahora que nadie, ahora que nada

mis rodillas no soportan ninguna ficción lastimosa ningún cuento trágico

ningún personaje cubierto de sombras tristes

mis dedos, más caprichosos, juguetean ante cualquier precipicio y demanda

mi boca, más entregada, se ríe de ganas y hambre 

la mirada regala fruta y flores. los pechos un verano suave hasta mediados de marzo. la piel un refugio. una cima con vistas, ni una alambrada. 

me deshice de él

y, sin él,

también

me deshice del último trozo de ti -personaje y araña- apegado a un cuerpo antiguo.