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17 de mayo de 2015

Prólogo a La Sudestada, de Juan Sáenz Valiente




Prólogo a La Sudestada, de Juan Sáenz Valiente 

Pedro Mairal 



En Buenos Aires, cuando viene la sudestada, no hay nada que la detenga. Los vientos cruzados del sudeste y la creciente del Río de la Plata embravecen la costa, la tormenta puede durar días y cambia el humor de la gente. El agua se desborda. En la ciudad, las olas pegan contra el paredón de la costanera y la pasan por arriba empapando la avenida. Un poco más lejos, en el Delta del Tigre, todo se inunda y quedan las casas aisladas, cada una salvada sobre sus pilotes de madera. 

Al investigador privado Jorge Villafañez se le va a venir la sudestada. Es un personaje cínico, gris, tabacoso, ultra porteño, desamorado, puteador, capaz de cualquier bajeza con tal de conseguir un dato, un sabiondo de sobremesa que siempre está de vuelta, y sin embargo las emociones le van a empezar a soplar desde el sudeste sin que se las vea venir. Cuando le piden investigar a la coreógrafa Elvira Puente, los sueños se le enrarecen y, en el fútbol con los amigos, le empieza a pifiar a la pelota. El detective que se las sabe todas, se queda sin pistas. 

El cerebro creativo de Juan Sáenz Valiente es una cosa muy rara. Tiene una libertad de extraterrestre. Es capaz de tomar las influencias más diversas, de Tintín a Egon Schiele, y asimilarlas para hacerlas entrar en su dibujo de una manera completamente personal. Su estilo puede ir en todas las direcciones y esto lo viene demostrando hace más de diez años. Desde entonces publicó Sarna, con guión de Trillo, las recopilaciones de historietas cortas Sigilo y Matufia, que son un despliegue de humor y genialidad, El hipnotizador, con guión de Pablo De Santis, y la más reciente historieta de aventuras Norton Gutiérrez y el collar de Emma Tzampak. Publicó también fanzines y catálogos de muestras, como aquella titulada Es muy importante apreciar un gran impacto vestido de blanco, que Sáenz Valiente, después de quebrarse la mano derecha saltando con su skate, dibujó enteramente con la mano izquierda. De hecho, parece como si tuviera varias manos distintas, una para cada obra, porque le gusta variar estilos. No se repite. A cada libro le da el tipo de dibujo que más le conviene a esa historia. 

Si El hiptnotizador sucedía en un mundo literario, mágico y misterioso, envuelto en una penumbra antigua, La sudestada sucede en la resolana de una Buenos Aires hiperrealista, berreta, fechada en plena luz del 2015, una ciudad donde se acumularon las décadas y donde conviven la melancolía del viejo club de barrio con la posmodernidad descascarada. Porque sabe mirar, Saenz Valiente vuelve visibles las cosas invisibles. ¿Cómo son realmente esos paisajes urbanos que dejamos de ver porque la vida cotidiana los volvió fondos neutros por donde circulamos y vivimos? El perfil de la ciudad tiene una línea irregular. Junto al galpón del viejo taller mecánico se levantan las torres pretenciosas, junto a las molduras de la casa italiana del 1900 hay un maxi kiosco de lata. Se ven las terrazas con los tanques de agua, las medianeras, los depósitos, las antenas, el campanario de una iglesia… 

Hay como un cariño por los detalles dibujados, pero sin nostalgia y sin ninguna intención de embellecer ni de volver más pintoresco el espacio de la historia: ahí están esas azoteas porteñas que son la espalda de la ciudad, el lugar donde van a parar los proyectos personales inconclusos y se cuelga la ropa, entre cables cruzados, parrillas de cemento, chapas oxidadas, mangueras, caños, chimeneas. La ciudad amontonada, que creció sin planificación urbana, donde cada uno levanta lo que quiere y lo que puede.

Los personajes, con sus cuerpos tan reales, tampoco están idealizados. Nadie dibuja viejos como Sáenz Valiente. Es como un gerontólogo. Los cuerpos vencidos, encorvados, con sus arrugas, sus rollos, pliegues y papadas. Nada más lejos de los personajes sexys, o atractivos, del dibujo erótico. Cada uno está mostrado como es y no hay posibilidad de pose. Y sin embargo, de nuevo, esa mirada no es despiadada o cruel. En la actitud de revelar la intimidad inconfesable de los cuerpos, hay cierta inocencia, y hasta un perdón absoluto, como si el autor dijera “está bien, somos así, no hace falta simular más”. Esa es una de las raíces de la impresionante humanidad de su dibujo. Hasta los personajes más secundarios, esos que aparecen en un solo cuadrito, tienen caras creíbles y a la vez grotescas, que uno cree haber visto hace un rato por la calle. 

Como un alivio contra esa Buenos Aires individualista y escéptica que parece el espacio emocional de Villafáñez, se contrasta el paisaje natural del Tigre con sus islas y canales. Es el paisaje que elige Elvira Puente, la heroína secreta, escondida entre los árboles, con su danza y un despliegue expresivo que paraliza y derrite al canchero de asfalto. Pobre Villafañez, que estaba tan tranquilo tirado en la cama, fumando en calzoncillos, viendo televisión.





21 de junio de 2012

Quieta

por Guadalupe Gaona 

La casa estaba en silencio. Hacía años que nadie vivía ahí. Pero a pesar de ese detalle, la casa estaba llena. Recorrió el lugar a paso lento. La distancia y la frialdad del visitante de museo. Las superficies estaban limpias y lustrosas. Los objetos parecían vigilarla. 

Había sido la casa de sus abuelos y hasta el momento en que cada uno decidió irse, partir quién sabe a dónde, los visitaba una vez al mes. La casa la esperaba y ella la recorría como una absoluta extranjera. Eso era lo que más le gustaba. Caminar despacio por el pasillo largo que llevaba a los cuartos del fondo, probándose a sí misma, mientras el terror le aceleraba el corazón con latidos oscuros, en medio de una selva silenciosa que le retumbaba en los oídos. 

Ese diciembre, de mucho calor, se había instalado ahí a estudiar para los exámenes de fin de año. Leía desde la mañana hasta la tarde sentada en el comedor bordó que hacía las veces de oficina. Cada tanto, cuando necesitaba estirar las piernas, daba un paseo. Caminaba dando vueltas alrededor de la mesa, por el living, rodeando los sillones o siguiendo las líneas del piso, serpenteando una ruta imaginaria. En alguno de los cuartos, se tiraba en la cama y se quedaba dormida unos minutos. Al levantarse miraba la marca que su cuerpo había dejado en el cubrecama. Estiraba las arrugas planchándolas con la mano hasta dejar la superficie bien lisa, prolija. Entraba a otro cuarto y hacía lo mismo. Dormía un rato. Cuando tenía hambre se sentaba en el piso helado de la cocina para comerse un sandwich. 

Una tarde, de vuelta en la mesa, con el libro en la mano, miró a su alrededor y se acordó de la historia del Mary Celeste, ese barco que encontraron en el medio del océano sin ningún tripulante. La mesa puesta con la comida servida, un libro abierto en una reposera, un tocadiscos todavía sonando, pero no había nadie, nadie que comiera, ni que leyera el libro. ¿A dónde se habían ido todos? ¿Quién los sorprendió en sus tratos cotidianos y los obligó a huir? 

Marcó la página donde había terminado de leer; en realidad, donde había terminado de prestar atención a lo que leía. Cerró el libro, agarró su bolso y se fue. 

No volvió por un par de días. Pero cuando lo hizo, nada estaba igual. Un montón de gente iba y venía de un lado a otro. Una de sus tías pasó caminando con una lámpara en la mano. La otra descolgaba a toda velocidad los cuadros de las paredes y los acomodaba en el piso. Era como si a la casa le estuvieran arrancando la piel. 

Nuevo orden. Los objetos empezaban a formar pequeñas e insólitas escenas. Desfiló frente a sus ojos la mesa del comedor. El sillón grande del living, atado con sogas, desaparecía por la ventana que daba a la calle, hacia abajo, lentamente. Los peces de los platos en las vitrinas de vidrio, nadaban quietos en su pecera. 





"El fotolibro Quieta, de la fotógrafa Guadalupe Gaona, es el proyecto ganador de la primera edición del concurso Fotolibro Latinoamérica, convocado por RM en 2010.
El premio fue otorgado por un jurado integrado por Horacio Fernández, Graciela Iturbide, Martin Parr, Lesley Martin, Álvaro Sotillo, Diran Sirinian, Ramón Reverté, Alexis Fabry y juan Pablo Quiroz.
En esta obra, la fotógrafa da cuenta del lento proceso de desmantelamiento de una casa aristocrática de Buenos Aires. Constituye una narración visual, sin escritos, muy propositiva en el contexo de la fotografía latinoamericana".

1 de agosto de 2011

Zambra en Irockuptibles

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En el número de agosto de Irockuptibles sale una nota que hice sobre Formas de volver a casa. Acá va un falso arranque que al final no quedó:

Zambra fumando apoyado en una máquina expendedora roja en la estación de trenes de Marsella. Zambra fumando en un puente sobre el Ródano en Lyon. Zambra con un cigarrillo en la boca tocando en la guitarra una canción de Georges Brassens. Zambra riéndose en mi casa en Buenos Aires con un cigarrillo encendido en la mano. No tengo ni una foto de Zambra libre de humo. Me lo crucé en congresos literarios en Bogotá en el 2007, en Francia en el 2009 y en Argentina en 2011. Nos vemos los años impares. En Francia quedamos atrapados en un congreso itinerante que recorría todo el país, al ritmo de una ciudad por día; en Marsella, al ver el Meditarráneo, nos escapamos. Foto de Zambra fumando en el puerto. En Lyon fuimos a lavar ropa a una lavandería automática. Me acuerdo que caminábamos por una de esas calles angostas europeas y yo revoleaba mi bolsa de ropa sucia bien alto y la volvía a atajar. Ese recuerdo de la bolsa en el aire me trae de vuelta una sensación de mucha felicidad. Zambra fumando sentado en el cordón de la lavandería mientras se secaban nuestros calzones. Está el Zambra que conozco y está también el Zambra que leo en sus novelas. Lo raro es que su literatura tiene un tono tan sincero y abierto que estoy seguro de conocerlo más por haber leído sus libros que por haber viajado con él.

p.mairal

23 de diciembre de 2010

Sobre "Abejas" de Alejandro Crotto



Tradiciones contradictorias




por Diana Belessi


Pocas veces el primer libro de un poeta joven irrumpe en la escena de Buenos Aires con tal intensidad, y toma mi corazón por completo. Hablo de Abejas, de Alejandro Crotto, publicado por ediciones Bajo la Luna. Leí a este muchacho, por primera vez, meses antes de la aparición del libro, en Diario de Poesía, y fue tal la emoción, el estado de plenitud que me produjo, que no dudé en buscar el blog que tenía anunciado y le envié un mensaje diciéndole que sus poemas eran maravillosos. Gesto raro en mí, me asusté después de haberlo hecho, pero su austera respuesta me tranquilizó, y tardé más de dos años en conocerlo personalmente. Su erudición y su memoria me parecieron inconmensurables. También su candidez. Si ésta prima sobre aquéllas, salvando el corazón y la cabeza, Alejandro Crotto será un gran poeta, como lo es en este pequeño libro que acaba de publicar hace apenas un año.

Cuando trato de ver cómo lo logra, veo en primer lugar la masa musical que despliega cada poema, especialmente los largos, como “Las palomas”, o “En el haras Vadarkablar”. Cuenta, sin afeites, una anécdota, con un casi infaltable acento sobre la sexta, o la cuarta y la octava, mostrando en su base rítmica que no le es ajena la versificación en lengua castellana, desde el Renacimiento hasta el Modernismo, y dejando al poema ser libre en su tradición de ruptura, buscando en los quiebres melódicos el sentido que lo llevó a escribirlo. Abejas reúne tradiciones que parecen contradictorias, o al menos suele vérselas así en la arena arena local de la poesía. El ejercicio de la traducción, esa enorme escuela, retumba al mismo tiempo.

Cuenta, a la manera de la poesía, historias mínimas que se vuelven, en su envés, inmensas: caza, desplume de palomas; el apareamiento de una yegua; el instante previo a comer unos tallarines; las abejas que mueren de sed sobre una palangana de agua; etc. Y en la vibrante evocación de una imagen natural, los sentidos se agigantan.

Esto sostiene también la magia de los poemas breves, como “Hilo”, donde interrumpe la sintaxis con una larga frase comparativa, para rematar al final, con dos verbos, aquello que empezó diciendo allá atrás: “vaya salándome en su toque eso que en mí […], titila, quiere”. O de ese otro, ricamente aliterativo, cuyo final parece marcar la poética de este libro: “De lo que abunda / el corazón hable la boca”. Es fácil decir de un libro de poemas que es bueno y hermoso; es difícil explicar por qué. Ojalá estas líneas inviten a leerlo sin preguntarse nada, en la eucaristía del lector con el poema.
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Revista Ñ, 18 de diciembre de 2010

13 de diciembre de 2010

El hombre polar regresa a Stuttgart


Contratapa de El hombre polar regresa a Stuttgart

por Silvio Mattoni

Si fuera un lector real, atolondrado, diría: “El hombre polar es el mejor libro de Cucurto”. Y como sí soy un lector, también esa impresión del libro es verdad. Aquí el lenguaje tropical ha retrocedido un poco, porque han llevado a nuestro héroe al corazón de Europa, donde el sol no calienta. Pero el viaje le templa la voz y hace más fuerte la sinceridad, esa ilusión de decir algo que hace vivir un poema. En este caso, muchos: cada uno memorable. Chocan al principio entre sí las imágenes del mundo embellecido, a la vez antiguo y superdesarrollado, de una Alemania boscosa y urbana, contra lo que trae adentro un joven escritor sudamericano. La poesía le dice: “sacá todo, no dejés nada sin observar, ganá lo que puedas y multiplícate, agarrá la ocasión de los pelos…” Aunque a veces la melancolía, como una contradictoria niebla que abruma al bosque desconocido, llega hasta el ánimo del que escribe. Pero sigue escribiendo; los versos son su estufa inmanente, interior. La memoria le dicta las historias familiares, las interrogaciones al padre, el amor a los hijos. Un poema sobrevive porque llega a transmitir esa ilusión de que la vida continúa. Hay quiebres y catástrofes, pero la vida sigue. La poesía también. Cucurto, más todavía. Incluso nos canta un homoerotismo reinventado que sacude toda la historia de la vieja literatura, desde los griegos hasta los futbolistas atildados, pasando por los niños de barrio en su infinita variedad. El regreso de Cucurto, como un ataque nuevo, otro asedio a la ciudad cualquiera, celebra con mil efectos de ternura y tragedia, de plagio amoroso y destrucción, la supervivencia de un poeta auténtico en un mundo clasificatorio, al que en el fondo redime, poniéndole otro polo. A partir de entonces, el trabajo revela su inutilidad en última instancia, y se destacan los lujos, los adornos, o sea la poesía, como lo único necesario para sostenerse vivo. Si estamos muertos, ¿para qué querríamos una heladera llena? Si un hijo se enferma, ¿de qué nos sirven las palabras? Preguntas a la confusión de lo real, núcleo activo y movedizo de estos poemas, que vale más que todo orden de lenguaje.


9 de diciembre de 2009

Dame pelota

Dalia Rosetti lee una parte del primer capítulo de su novela "Dame Pelota" editada por Mansalva.



video: p. mairal

27 de octubre de 2009

Pozo de Aire - Guadalupe Gaona

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por Guadalupe Gaona


Suelto el bote
y me tiro panza arriba a escuchar
lo que se mueve conmigo adentro.
Una pierna que cuelga.

En el lago las cosas están congeladas.
Seguro que los peces finos y largos
no sufren el paso del tiempo.

Hasta la hora del almuerzo
provoco mi propio naufragio.
Mi madre me hace señas desde la orilla
para que vuelva.
Parece un flamenco atascado en el agua.

Hago que no la veo, que no la escucho.
Hago que no tengo madre.
Mejor soy el bote suelto en el lago.
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Ediciones Senda Vox, Buenos Aires, 2009
Nota en Radar, marzo 2007

11 de julio de 2009

Mehr als Bücher


Mehr als Bücher / Más que libros
Antología de Literatura Cartonera
Berlin: Papper LaPapp, 2009
Edición a cargo de Ausias Navarro Millet
Selección de Textos: alumnos de dos escuelas berlinesas

13 de junio de 2009

Nueva poesía argentina

casas y mortensen, dos cuervos líricos

En breve estará en librerías la antología de la nueva poesía argentina que editó Viggo Mortensen (es verdad, Mortensen es poeta). Los poetas que la integran son: Mario Arteca, Gabriela Bejerman, Fabián Casas, Washington Cucurto, Juan Desiderio, Martín Gambarotta, Francisco Garamona, Daniel García Helder, Roberta Iannamico, Fernanda Laguna, Santiago Llach, Marina Mariash, María Medrano, Martín Prieto, Sergio Raimondi, Damián Ríos, Martín Rodríguez, Alejandro Rubio, Gabriela Sacone
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Contratapa:

"En los últimos quince años, la producción del campo poético argentino ha adquirido una vitalidad inédita. La convivencia de diferentes líneas estéticas, que además trafican y comercian entre sí, dota de aún mayor vigor a esa fortaleza.
Al ímpetu cultural que la salida de la dictadura militar desata a mediados de los ‘80, hay que sumar la tarea de editoriales y revistas literarias entre las que se destaca Diario de Poesia, publicación que repondrá nombres de obras y autores silenciados o poco considerados por efecto del exilio y la chatura impuesta en los años oscuros. Así Leonidas Lamborghini, Joaquín Gianuzzi, Ricardo Zelarrayán y Juana Bignozzi comienzan a formar parte del proceso de mestizaje al que los jóvenes poetas someterán a la tradición, recuperando además a la poesía latinoamericana contemporánea, a la poesía objetivista norteamericana y a la línea del neobarroco, así como a varios lenguajes provenientes de otras disciplinas del campo cultural, de los medios de comunicación, de la política, del barrio y, por supuesto, del propio sistema de obsesión, formación y subjetividad de cada poeta.

La crítica especializada denominó a este movimiento generación de los 90. Más allá de la dificultad de dar cuenta de esta emergencia en términos de décadas, hay que reconocer en este movimiento una genealogía sin duda más extensa, así como una proyección que llega hasta nuestros días: en los últimos años, se han venido consolidando muchos nuevos poetas, por lo que esta antología ya ofrece –como suele suceder-- un panorama incompleto y caprichoso".

Gustavo López – Bahía Blanca 2008

3 de junio de 2009

Abejas



por Alejandro Crotto


ME PARECE QUE NUNCA VOY A VER UN POEMA MÁS LINDO QUE UN ÁRBOL



Hacia esta luz que anima
la ciega sed de encuentro
que hace ávida copa, pronta vida
que se estira a encontrar
un paulatino amor más y más alto,
a tientas, vertical,
escala entretejida con espina,
el deseo, insistiendo
su amor, materializa
su ánimo de abrasarse encandilado.



*




ZOOLÓGICO


a T.


Acelerado humo de colectivos
y de garrapiñada, gritos, globos,
grandes palomas negras, vamos,
acá se abre una fresca fuente de flamencos
a la mañana azul de tanta luz enorme
que enflaquece a los dos osos penosos y polares
de flecos blanco oscuro y amarillos,
y magnifica a la elefanta, su cabeza
arrugada de tierra tranquila,
el ámbar vivo de su ojo; reflejadas
personas parecieran adentro del vacío
cubículo felino, luego echada una sombra
resulta la pantera; ¿y qué añora en su ensueño
sentada, derechita, con la vista perdida
hacia el noreste una nostálgica
suricata…?; el bisonte
de brava barba entreverada
del lomo a la brutal cabeza luminosa
mendiga lengua saca por una galletita; ¡pero cómo:
lo que hay en esa jaula es sólo un par de chimangos!
y el chimpancé a treinta centímetros del vidrio
nos mira para adentro sin relámpago,
con la melancolía laminada como cera
en los ojos abiertos y velados...¡y basta!
que vinimos a ver los animales:
el cocodrilo cruel y quieto, tronco o roca,
clavado solo al sol boca entreabierta
y el avestruz que avanza elástico en su hip-hop afro, ¡chau
asno santísimo, cruza de yegua y de cordero! Vamos, dale,
caminemos, que yo también estoy cansado, por las tipas,
entre estas finas aves de corral con coronitas y colores,
volvamos ¡opa! a la ciudad, los edificios
transfigurados a través de la inflamada cola
del pavo real.




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Alejandro Crotto nació en Buenos Aires en marzo de 1978. Coordina el blog Words words words. Abejas fue publicado en 2009 por la editorial Bajo la luna.

8 de abril de 2009

Los días que vivimos en peligro

Dieciséis escritores argentinos narran, desde una perspectiva subjetiva, los hechos que conmovieron al país. Entre la ocupación de las Islas Malvinas (1982) y el conflicto del gobierno con el campo (2008), el libro arma un fresco de los 25 años de democracia, vistos desde los ojos de la ficción. En la frontera peligrosa de la literatura y la política, el libro revisa la historia a través de esos días en que todo parece suspenderse y caer.
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Malvinas * Juicio a las Juntas * Alzamiento de Semana Santa * La Tablada * Saqueos e hiperinflación * Seineldín * Doping de Maradona * Voladura de la Amia * Río Tercero * Yabrán * Torres Gemelas * 19/20 de diciembre de 2001 * Kosteki y Santillán * Cromañón * Batalla de San Vicente * Conflicto gobierno - campo
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La mañana del robot, Pablo Plotkin
Gengis Khan, Leonardo Oyola
Anteúltima cita, Elsa Drucaroff
Semana Santa, Martín Kohan
Licenciada en rubores, Laura Ramos
Primavera a remolque, Carlos Martín Eguía
Las dos vidas de Maxi Kaplan, Hernán Iglesias Illa
La muerte de un autor, Diego Sánchez
Los ojos más azules de Texas, Mariana Enriquez
La disciplina, Juan Leotta
El título, Federico Jeanmaire
Los hechos de Mayo, Martín Prieto
El Señor Cara de Lechuza, Washington Cucurto
Elige tu propia aventura, Ana Wajszczuk
Te lo digo muy off the record, Esteban Schmidt
San Vicentico, Sol Prieto

27 de octubre de 2008

Se viene


Cuentos de:
Cecilia Pavón, Teoría posmarxista de la infelicidad
Magalí Etchebarne, Furia contra la máquina
Sara Gallardo, Un secreto, Némesis y Palermo
Romina Paula, Si llegás a faltar un verano
Amalia Jamilis, Los veranos falsos
Rosario Beltrán Núñez, El regalo de caraí
Mónica Müller, Observaciones científicas sobre cuatro modelos de infidelidad en la hembra humana
Adriana Battu, Cero culpa
Florencia Monfort, French 2208
Silvina Bullrich, El tercero en discordia
Ana María Shua, La caída
Hebe Uhart, ¿Cómo vuelvo?
Carolina Aguirre, Cuestión de fe
Silvina Ocampo, La casa de azúcar

17 de septiembre de 2008

Revista Rigoleto

Acá va un video que hice con uno de los 200 originales del nº2 de la revista Rigoleto. "La bicicleta fabricó viento a pesar del pedal que falsea", dice Milton López, el autor de uno de los textos. Abajo el link a los puentes negros, un balcón peligroso y una pareja viajando en colectivo.



9 de septiembre de 2008

La imposibilidad de tener padres


"Se trata de un libro de cuentos que trabaja entre otras cosas la orfandad, que no es otra cosa que la desesperación que implica la imposibilidad de tener padres. Los personajes de Bruzzone no pueden tener padres y ésa es su tragedia y de esa tragedia está hecha amorosa, tiernamente su literatura". Damián Ríos, en la presentación de "76", de Félix Bruzzone.
p.d.: nota en Página 12

19 de agosto de 2008

El ultrabosque


En este mes leí tres libros de cuentos buenísimos: "Villa Celina", de Juan Incardona; "76", de Félix Bruzzone; y "El ultrabosque", de María del Carril. Copio acá el texto de la presentación donde Gervasio Landívar explica muy bien por qué "El ultrabosque", editado por Ciudad de Lectores, es un libro que vale la pena leer.

22 de julio de 2008

Fiebre negra


Mi amigo Miguel Rosenzvit, gran goleador de fútbol 5, saca esta novela en Planeta. La contratapa dice:

"Joaquín, hijo liberto de madre esclava, y Valeria, hija blanca de los amos, nacen el mismo día de 1820, en la misma casa de una Buenos Aires cuya población negra supera el 30 por ciento. A través de un vínculo inevitable, deseado e imposible, se vislumbran las preguntas por ese dato demográfico que suele barrerse bajo la alfombra. ¿Qué significaba ser liberto? ¿Los negros murieron en la guerra? ¿Murieron en las pestes? ¿Se mezclaron? ¿Realmente se extinguieron?

La novela de Miguel Rosenzvit se planta en una zona brumosa, en el intento de buscar respuestas a estas preguntas. Va y viene entre el 1800 de la historia de amor y aventura, de guerra y carnaval, de peste y genocidio, y la actualidad de una joven antropóloga que lleva adelante su pesquisa en pleno siglo XXI, y que poco a poco se hallará oscuramente atada a sus descubrimientos. Y en las dos puntas de este ovillo, asombrosas revelaciones sobre el apocalíptico febrero de 1871, cuando la epidemia de fiebre amarilla asoló la ciudad.

Un libro narrado con un ritmo atrapante, preciso y sin concesiones, que logra introducir de manera original la descripción de una época encarnada en personajes que se debaten entre la pura ficción de sus días y la aplastante contundencia de la Historia".

8 de julio de 2008

El Hombre Gato

Agradecemos a Juan Incardona -el flaneur del fútbol 5, el hacedor de objetos maravillosos- por mandarnos este dibujo de Santoro que ilustra su nuevo libro editado por Norma, "Villa Celina".